LA CIUDAD GUADALUPANA

Tras cumplir el sueño de la casa propia de los guadalupanos, Bertello puso todo su empeño y todo su tiempo para hacer realidad otro gran sueño: La Ciudad Guadalupana. Tenía como sustento legal la ley 13454 aprobada por el congreso de la república el 13 de noviembre de 1940, y promulgada por éste el 28 de enero de 1941 en vista que el Ejecutivo no la promulgó en el plazo debido. La ley fue dada “con motivo del primer siglo de vida” del plantel.

Esta ley quedó en “stand by” hasta que en 1960 el gobierno del presidente Manuel Prado, la promulgó el 12 de noviembre de 1960, siendo ministro de Educación Alfredo Parra Carreño. Esta ley está en plena vigencia.

¿Y qué dice la ley?

Artículo 2°- Declárase al Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe, “Hogar Nacional de Estudiantes de Educación Secundaria del Perú”.

Artículo 3°- El Poder Ejecutivo construirá, dentro del más breve plazo, un gran local modelo, para el expresado plantel, de acuerdo con las nuevas normas pedagógicas. Será una gran ciudad escolar, que pueda alojar cómodamente hasta cuatro mil estudiantes” de los cuales mil serán internos, procedentes de los departamentos del país.

Con esa herramienta legal de por medio, Bertello “movió cielo y tierra”, buscó a sus mejores amigos en todas las esferas gubernamentales y sociales para hacer realidad el ideal guadalupano. Logró, mediante Decreto Supremo N°020, de fecha 30.09.1961, la creación del Patronato Guadalupano que tendría la responsabilidad de llevar adelante todo el proceso de la Ciudad Guadalupana, desde la ubicación y adquisición de un amplio terreno hasta la construcción y equipamiento de lo que sería la primera, más grande y moderna ciudad educativa del país.

En esos afanes permanentes en favor de Guadalupe, Bertello consiguió que el presidente de la república Fernando Belaunde Terry convocara a un “consejillo” de ministros, el 22 de abril de 1964 para ver en dónde se construiría la Ciudad Guadalupana.

La primera propuesta que se vio en ese “consejillo” fue la de un terreno, ubicado en el kilómetro 16 de la carretera central. Sin embargo, esto quedó desechado porque no era lo suficiente amplio para tan ambicioso proyecto, por lo que poco después se optó por la adquisición de uno de 260 mil metros cuadrados (26 hectáreas) de los fundos Garagay Alto y Chavarría , en San Martín de Porres, hoy Los Olivos.

Bertello no daba tregua. Una vez conseguido el terreno logró convencer al presidente Belaunde para que convocara a un concurso nacional para la confección de la maqueta de la Ciudad Guadalupana. El arquitecto José Muñoz Garmendi, ex alumno guadalupano, ganó el concurso y se hizo merecedor del primer automóvil Toyota ensamblado en el país, que había sido donado por la empresa japonesa a Belaunde. La maqueta fue exhibida en el hall principal de palacio de gobierno, y en algunas ocasiones el presidente Belaunde explicaba a ilustres visitantes lo que sería el más grande y moderno complejo educativo del país, y acaso. En tanto, Bertello emprendía la última y más difícil tarea: el financiamiento de la obra. El gobierno había prometido destinar un presupuesto inicial.

En ese intenso trajinar para ver el sueño guadalupano hecho realidad, la tarde del miércoles 22 de marzo de 1966 el corazón cansado de don Alejandro Bertello dejó de latir. Tenía 63 años. Fue un duro golpe para Guadalupe y para el país.

Durante las exequias, a las que asistieron el Edecán del presidente de la república, ministros de Estado, congresistas, altas personalidades, maestros y delegaciones de ex alumnos, el Dr. Germán Alegre Collazos, subdirector del colegio, en representación del director Dr. Carlos Clavo Rivera, dijo en una sentida ofrenda fúnebre: “Ningún hombre en los anales de la historia guadalupana tuvo tanta fe ni puso tanto calor en el destino glorioso de Guadalupe y en la proyección nacional de la Asociación Guadalupana, (que Alejandro Bertelllo). Desde su sitial de abanderado insobornable de la libertad, de la justicia y de la democracia, vivió una constante preocupación por los problemas vitales del país y principalmente por el problema educativo que él sintetizó en lo que es hoy y será siempre síntesis de la educación Peruana: del Colegio Guadalupe”.

El golpe militar del 3 de octubre de 1968 dejó en el aire el proyecto de la Ciudad Guadalupana, y luego la invasión de los terrenos en julio de 1985 frustró los anhelos guadalupanos. El gobierno del periodo 1985-1990 dio el zarpazo final: Entregó títulos de propiedad a los usurpadores.